miércoles, 19 de abril de 2017

Resiliente por narices

Por mi edad ya tengo una cierta experiencia en ella y me atrevo a decir que la vida no es fácil, puede ser más o menos complicada, podemos intentar simplificarla en mayor o menor medida en función de nuestra situación personal, económica o familiar, pero olvídalo, fácil ya te digo que no es…

En épocas o simplemente en momentos concretos de nuestra vida, determinadas situaciones, sucesos, acontecimientos, experiencias, la suma de todos o parte de ellos pueden llegar a superar nuestras capacidades y complicarnos mucho el día a día, llevándonos al límite y consiguiendo ponernos en modo de pulso constante con nuestra propia existencia, logrando incluso que nos cuestionemos si tenemos fuerza para continuar hacia adelante.

Con este desagradable escenario tenemos varias opciones y actitudes a la hora de gestionar nuestros pensamientos y emociones:

  • Como estás en Fabricando Sueños la opción de tirar la toalla y dejarnos vencer por la situación ni la contemplamos ya que no entra en nuestros criterios vitales. En tu Fábrica de Sueños las toallas son para secarse la cara o la parte del cuerpo que desees pero nunca para tirarlas.
  • Otra podría ser quedarnos por tiempo indefinido en un estado de pasividad, aletargamiento o hibernación que si bien no nos desgasta física ni emocionalmente la verdad es que, aunque a los osos o a los lagartos imagino que sí, a nosotros no nos aporta nada y además a priori no parece muy recomendable.
  • Por supuesto, y respetando que hay otras opciones que a ti te pueden llamar más la atención, a mi particularmente la que más me gusta, la que me parece más positiva, interesante, operativa y resolutiva es esta tercera: Sobreponernos, fortalecernos y aprender de la situación… Hoy quiero hablarte de esta tercera opción, quiero hablarte de la resiliencia. 


Se define como la capacidad de asumir, hacer frente y adaptarse con flexibilidad a las situaciones adversas de la vida sobreponiéndose y saliendo fortalecido de las mismas. Para que nos entendamos, es poseer una cierta elasticidad emocional, es ser capaces de recuperar nuestro estado natural después de haber sido sometidos a una situación dura, fuerte, peligrosa incluso límite, es no estar dándole vueltas a lo que pasó o no pasó, a lo que pudo ser y no fue, a algo que realmente no podemos cambiar porque, como me gusta decir; no somos una cinta de cassette y no podemos rebobinar nuestra vida… No es un medaigual o un meimportaunpito, la situación sí que nos importa y mucho, tanto como al que más, pero una persona resiliente tiene la capacidad de adaptarse a ella, aguantarla, aprender, conseguir que no le afecte, o le afecte lo menos posible, y una vez finalizada la misma salir fortalecido y enriquecido de ella.

Aunque las personas resilientes no son unos ingenuos y además la vida tampoco tiene porqué ser más fácil para ellos, son de las que tienden a pensar que no existe una vida dura, sino algunos momentos difíciles. Lo que para algunos, psicológicamente, son dramas, ellas intentan convertirlos en “circunstancias adversas” y como tales intentan resolverlas. Se trata de una manera más optimista de ver y entender el mundo que nos rodea. Son personas que piensan y están convencidas de que tras la tormenta llega la calma, son propensas a ver botellas medio llenas, días soleados y zonas llanas o cuesta abajo en lugar de cuestas arriba enlazadas una tras otra. En cierta medida también son del tipo de persona que me gusta “calificar” como optimista realista.


No me gustan esas “personas ilusas” que te transmiten la sensación de vivir en “los mundos de Yupi” (ajenos a la realidad y sin los pies mínimamente en el suelo), en un constante estado de optimismo y felicidad exagerada, ingenua e infundada, pero también me desagradan y no me parecen coherentes las personas que están constantemente instaladas en el desánimo, el pesimismo, la tristeza, el cabreo, el gruñido gratuito y las malas caras… Ninguno de los dos extremos me convence, prefiero al optimista realista, a esa persona que presenta y entiende la realidad tal y como es, sin suavizarla ni exagerarla, con plena consciencia de ella pero analizándola y valorándola desde una actitud positiva. Si la realidad es negativa centrará todas sus capacidades y energías para encontrar soluciones prácticas a esa crisis hasta resolverla o en el peor de los casos si no puede resolverla al 100% si mejorarla en la medida de lo posible. Intenta ver los reveses como un desafío temporal, limitado y resoluble o en el peor de los casos mejorable.

No se trata de ver el vaso medio vacío o medio lleno… Es no quedarse mirando el vaso lamentándose sin hacer nada, es tener la autoestima y la autoconfianza para intentar llenar el vaso con todos los medios que tengamos a nuestro alcance, es tener la tranquilidad de haber hecho lo posible por llenarlo… A partir de ahí sinceramente tiene que dar igual cómo esté el vaso de lleno o de vacío y más aún cómo lo vean los demás.

Bajo mi punto de vista, generalmente las personas resilientes tienen en su día a día una actitud optimista realista con su entorno y esa forma de ver y de vivir la vida les ayuda cuando las circunstancias se vuelven adversas y, como he dicho, les facilita la posibilidad de adaptarse, aguantar la situación y salir de ella incluso fortalecidos y reforzados.

Llegados a este punto quizá te preguntes si uno “nace o se hace” resiliente… Aunque es cierto que hay gente que viene al mundo predispuesto a tener buen carácter y actitud positiva, o al menos mejor carácter y actitud que muchos otros, de momento la resiliencia no está en el mapa del genoma humano y para nuestra fortuna, con unas mínimas bases, está en nuestras manos desarrollarla y educarla a lo largo de nuestra vida.



Obviamente tampoco es tan fácil ni tan sencillo, de un día para otro uno no se convierte a la resiliencia, debemos cambiar algunos hábitos o creencias, tenemos que educar a nuestro cerebro para soportar o resistir situaciones de estrés pero sobretodo y como en la mayoría de las ocasiones las prácticas son las que logran confirmar y remarcar lo que la teoría nos puede enseñar, por ello se convierten en resilientes con muchísima facilidad las personas que, por los avatares de la vida, son capaces de caerse y volverse a levantar sin darse por vencidas, las que no tiran la toalla, las que dan lo mejor de sí mismos aunque eso no sea suficiente para resolver una situación, las que pelean contra las adversidades en lugar de únicamente gruñirlas o lamentarse por ellas, las que bajo presión son capaces de darlo todo sin miedo al fracaso… Por supuesto que en esta vida debemos evitar caernos pero es mucho más importante aprender a levantarnos y seguir luchando.

Confucio dijo: “Nuestra mayor gloria no se basa en no haber fracasado nunca, sino en habernos levantado cada vez que caímos”. Estoy seguro de que cuando dijo esas palabras, en cierta medida, hablaba de los resilientes Esa es la grandeza de las personas luchadoras y afinando un poco más, la virtud de los resilientes, aguantar la caída, aprender de ella y salir fortalecidos al levantarse sin garantía alguna de que no se puedan volver a caer mañana, pero en el caso de que esa circunstancia sucediera volverían a repetir la dinámica las veces que hiciera falta y cada vez que se levantaran conseguirían ser más fuertes.

En los últimos meses mis circunstancias personales, laborales e incluso familiares se han visto condicionadas por el diagnostico repentino de una grave enfermedad. Esta nueva situación ha cambiado mí tablero de juego, mis reglas e incluso algunas de mis cartas y, antes de permitirme continuar con la partida de mi vida, me ha obligado a elegir entre las tres opciones de actitud que te he comentado…


La decisión ha sido relativamente fácil, escribiendo en “Fabricando Sueños” no podía ni debía dejarme vencer, tampoco soy un oso ni un reptil para decidirme por hibernar o aletargarme, con lo cual la única opción factible que me quedaba era la “tercera”, así que he tenido que intentar modelar, educar, ensayar y perfeccionar toda mi autoestima, paciencia, imaginación, creatividad, autoconfianza, flexibilidad, empatía, autoconocimiento y fuerza para ser lo más optimista realista y resiliente por narices posible para poder sobreponerme, fortalecerme, aprender de la situación y coger fuerza para luchar por volver a recuperar mi salud todo lo rápido que pueda…

Con esto solo pretendo confirmar, por experiencia propia, lo que decía al comienzo de la entrada de hoy, la vida no es fácil… Puede ser más o menos complicada, podemos intentar simplificarla en mayor o menor medida, pero fácil no es...

Hoy me quiero despedir con una frase del fantástico Charles Chaplin, La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos”.

Y si en el ínterin de la obra, en alguna ocasión, la vida te obliga a elegir, aunque sea por narices, te recomiendo elegir ser resiliente


P.D: Si quieres estar al corriente de las nuevas publicaciones de Fabricando Sueños, puedes suscribirte y te avisaremos de las publicaciones nuevas. En el lateral derecho tienes un casillero donde incluir tu dirección de correo electrónico.   

2 comentarios:

  1. Muy bueno Rafa, sin palabras. Un besote

    ResponderEliminar
  2. Me alegro mucho de que te haya gustado Paloma, espero que no haya sido "por narices" :)

    ResponderEliminar