lunes, 13 de marzo de 2017

Fabricando sueños en hilo rojo

Hoy quiero acercarte a esa época de nuestra vida en la que cuando nos acostábamos, para poder dormir, nuestros padres, abuelos o hermanos mayores nos contaban un cuento, esos cuentos y leyendas que nos cautivaban y en los que se entremezclaban hechos reales y sobrenaturales siempre fantásticos y fabulosos que conseguían trasladarnos de forma imaginaria a otro espacio y tiempo en ocasiones incluso desconocido para nuestras inocentes mentes. Habitualmente estas narraciones finalizaban con una interesante moraleja y tras ella comenzábamos a dormir plácidamente.

Me gustaría compartir contigo una bonita leyenda que tiene su origen en Asia, está presente en las culturas china y japonesa, y que cuando la oí por primera vez me cautivó e incluso, sin la inocencia del niño que fui, ya con mi mentalidad de “persona mayor”, me hizo comprender por qué habían aparecido algunas personas y habían sucedido determinadas circunstancias de mi vida. Es “la leyenda del hilo rojo”…


Para entender y disfrutar la “leyenda novelada”, y aunque sea “destripar” un poco la historia, creo que conviene acercar antes el concepto de la misma… Cuentan que “Cuando nacemos los dioses atan un hilo rojo invisible que conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper”.

Ese hilo rojo se ata, según la cultura china, alrededor del tobillo y del dedo meñique de la mano si optamos por la versión japonesa, en la versión nipona además se “justifica” la elección de ese dedo en concreto porque en él se encuentra la arteria ulnar que conecta nuestra mano directamente con el corazón.

Vamos allá con la “leyenda del hilo rojo” que como toda leyenda que se precie comienza con la frase “hace mucho, mucho tiempo..."

"Hace mucho, mucho tiempo, un joven e impaciente emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa, quien tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mandó traer ante su presencia. Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa. La bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo.

Esta búsqueda los llevó hasta un mercado, en donde una pobre campesina con un bebé en los brazos ofrecía sus productos. Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie. Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo: «Aquí termina tu hilo», pero al escuchar esto el emperador enfureció, creyendo que era una burla de la bruja, empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en brazos y la hizo caer, haciendo que la bebé se hiciera una gran herida en la frente, ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.

Muchos años después, llegó el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. Aceptó y llegó el día de la boda. Y en el momento de ver por primera vez la cara de su esposa, la cual entró al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente… Al levantárselo, vio que ese hermoso rostro tenía una cicatriz muy peculiar en la frente."


Puede parecerte una leyenda muy romántica o incluso “ñoña”, puede que no creas en “el destino” o la versión del hilo rojo… Podemos creer en estas circunstancias o no, por supuesto somos libres de hacerlo pero seguro que te ha ocurrido en alguna ocasión que ha sucedido algo o has conocido a alguien que no has podido evitar y que una vez ya había sucedido parecía que estabas predestinad@ a que ello sucediera. No solo en el ámbito de la pareja, con amigos, la familia o incluso en el trabajo.

Quizá pienses, como yo, que todo en nuestra vida sucede por alguna razón, quizá también pienses que tenemos varios “hilos rojos” y estamos conectados con una especie de pequeñas telarañas de preciosos y suaves hilos rojos… En este caso la mayoría son del tipo del que estamos hablando, en el que estamos conectados son otras personas o circunstancias pero hay uno que es el que nos une con nosotros mismos, con nuestro yo más personal, más íntimo y es el responsable de que nos encontremos, nos entendamos, nos respetemos y nos queramos. Hasta que ese hilo no lo identifiquemos, lo aceptemos, lo reforcemos y lo asentemos, por mucho que busquemos nos costará encontrarnos con el resto de los hilos de nuestra preciosa telaraña vital.


Creo en las conexiones y en que hay personas y situaciones que están destinadas a conectar, creo que sin perder del todo la sensatez que nos da la madurez, en ocasiones, debemos dejar volar la imaginación como cuando éramos niños y creer en este tipo de leyendas.

Y tú, dejas volar la imaginación?

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